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A normal day in a normal sport class [priv. Maisie Adams]
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A normal day in a normal sport class [priv. Maisie Adams]

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La mañana tranquila, preciosa, hermosa… los rayos del sol acariciando las grandes estructuras de la pequeña ciudad, la alarma sonaba y retumbaba por toda la habitación. Por la ventana se podía escuchar el ajetreo matutino de las calles, como los peatones se movían de un lado a otro sin preocuparse por su alrededor, sus mentes enfocadas en sus planes como también en los trabajos que iban a realizar. En esa cálida mañana, en la habitación un joven descansaba entre sus sabanas.

En el reino de los sueños avanzaba un camino bastante largo, apacible, con un aire ciertamente puro el cual solo los grandes hombres naturalistas pudieran soñar, ¿Era el olor a césped mojado? era algo fantástico. Aquel chico estaba recorriendo los vastos lares que su mente abría, creaba, ubicaba edificios de un lado a otro como si se tratara de un simple juego de niños con piezas de lego, la mano de dios lo tenía y con una sonrisa el presenciaba todo lo que andaba pasando. El aroma de las flores, las frías y lejanas montañas, los profundos bosques o tal vez aquella luna extraña que estaba en su auge. ¿Se trataba de un sueño? es lo mejor que le había pasado en semanas, después de una gran serie de recuerdos que ni el mismo podía recordar con facilidad esto era un merecido descanso, pero este descanso tenía que llegar a su fin ya que la realidad lo llamaba, el olor a panqueques y café lo comenzaban a arrastrar de aquella fantasía hasta que por fin se percató del estruendoso reloj que vibraba a un lado de su cama.

Sus ojos se abrieron, visualizando el techo de su habitación, en él estaban colgados bastantes cosas: un modelo de avión, una luna, un sol, algunas estrellas… parecía ser el cuarto que todo niño soñó, ¿Era extraño? ¿Era infantil? se podría decir que sí, pero poco se podía hacer, le encantaba la decoración que tenía, lo relajaba y le sacaba una sonrisa, nunca se cansaría de despertar con esa vista. Su ventana la cual estaba cerrada la abrió, respirando profundamente antes de exhalar con lentitud, otro día más de vida, otro día más de escuela. Con una sonrisa movió las sabanas que le cubrían y salió de su cama, siempre dormía con unos pantalones cortos y una camisa de color blanco con mangas cortas grises, pero nunca se quitaba el brazalete de colores blancos y negros, lo apreciaba mucho como para separarse de ese objeto. Observo a un lado, tenía su globo terráqueo entre otras cosas más, del otro lado su ropero y unos posters, nada fuera de lo común.

Al abrir su puerta notó que todos los que habitaban con él se fueron, su hermana como la mayoría de las veces se fue muy temprano, y lo peor del caso es que no lo habia hablado, pero siempre es así y con una sonrisa sabía que no podía hacer mucho. Su tío por otro lado se habia ido a su trabajo en la estación de policía, más temprano de lo que ellos despertaban. Caminó a la cocina y se sentó, disfrutando de sus ricos y suaves panqueques como el cálido café con sabor dulce, por lo menos se ella se preocupaba por prepararle el café que le gustaba… no era tan fría como se ve. Después de su desayuno a cambiarse con sus ropas usuales de colores blancos y negros, agarrar su mochila y dejar su cama arreglada al igual que la cocina, lavar los trastes que fueron utilizados para que finalmente salir y cerrar con llave la puerta, era así la mayoría del tiempo, se había hecho costumbre.

-¡Hola!- dijo con una sonrisa a uno de sus compañeros de clase que también estaba en camino, no era muy popular como muchos creían, pero con su actitud y sus expresiones provocaban cierta calma y tranquilidad, se podría decir que tenía cierto renombre aunque no fuera muy inteligente de acuerdo con las calificaciones de los exámenes aunque eso no le quitaba la responsabilidad que mostraba en cuanto a sus tareas y proyectos, además de que era el transferido claro está. Un día tranquilo, normal, como le agradaban, su sonrisa en el rostro lo exponía, era feliz como siempre se mostraba, preocupado por los demás. Entre avanzaba con más compañeros de clase se encontraba, todos preguntado sobre como durmieron o las actividades del día anterior, pero el preguntaba más cosas, como las tareas, sus preocupaciones, si estaban enfermos o síntomas… era un chico que se preocupaba demasiado por los de su alrededor, por eso era agradable, aquella aura que desprendía, esa inocencia.

Llegando a la escuela las clases fueron como siempre, los profesores dictando o enseñando formulas, todos con sus libretas mientras apuntaban pero él quien estaba cerca de las ventanas observaba el exterior, despejándose un poco de matemáticas, nunca se llevó bien con los números o más bien, con las formulas. Con un rostro tranquilo, apaciguado, con una mirada despreocupada como pocas veces la mostraba solamente se enfocaba en aquel árbol de afuera, como la suave brisa rozaba con sus hojas y las movía, como estas agradecidas bailaban, el sol pegando, un gato sentado en una rama, descansando sin alguna preocupación del mundo.

Pensaba en como estaría su tío en el trabajo, o su hermana en la escuela, se desprendida lentamente de la realidad hasta que la voz del profesor le llamo y el con una sonrisa ladina y rascándose la cabeza pidió disculpas, se sorprendió de la voz ajena llamándole la atención que provoco que algunos de sus compañeros soltaran risas, y después de unos segundos la clase se reanudo como si nada pasó. Solo el sonido del grafito pasando sobre el papel, anotando las fórmulas que el profesor escribía en la pizarra, como los explicaba… realmente esta era una escuela de prestigio.

Pasaban las clases hasta que llego deportes, por lo menos en algo que podía destacar al igual que los clubs en los que estaba, por algo a pesar de sus bajas calificaciones lo mantenían en la escuela y estaba agradecido por ello. Sus brazos se estiraron hacia el techo y se levantó mientras que algunos de sus compañeros lo rodeaban para platicar, ¿De qué cosas? de todo tipo como cualquier estudiante, el videojuego que salía en el mes, los equipos que jugaban el fin de semana, alguna que otra noticia que se esparcía entre los grupos sociales de estudiantes… la escuela nunca cambiaba en ningún aspecto.

Como sea el caso, en los casilleros deportivos se cambió de ropas y estaba listo para tomar la clase de deportes, el típico uniforme deportivo los cuales hacían honor a los colores de la escuela. ¿Acaso iba a ser un día normal en la clase de deportes? todo parecía indicar que si pero finalmente el destino es algo que prepara las cosas a su manera, un futuro incierto pero a la vez interesante.
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Y los días de relajo se habían acabado. Ya era definitivo, estaba en una nueva ciudad. La mudanza no había sido tan dura como había pensado, o quizá aún no terminaba de digerir que ya no estaba en Inglaterra. Quién sabía, tal vez estaba aliviada de escapar de aquellos círculos. Ciertamente toda esa atención comenzaba ser no deseada y un poco molesta, aunque había una astilla que aún no se podía sacar del culo… No había nada que hacer al respecto, al menos no desde Escocia.

Al menos no había perdido el tiempo. Vamos, que hasta había salido a tomar y había conocido a alguien interesante, pero era hora de volver a la realidad, y eso significaba adaptarse a un nuevo colegio… El mero hecho de pensarlo le hizo revolcarse en las sábanas y hacerse un ovillo en la cama.

- ¡Maisiee, vas a llegar tarde! –

Gruñó un poco y se hundió más en la cama, pero sabía que tarde o temprano tendría que levantarse y enfrentar el nuevo día… aunque no lo haría sin quejarse. Su primera queja fue el sol. ¿Qué mierda, no que en Glasgow era igual de frío que en Londres? Aquí la técnica de abrir las cortinas se estaba volviendo más efectiva. O eso pensó, mientras su madre trataba de sacarla de la cama.

- Cariño, que solo es un nuevo colegio, no es el fin del mundo – Susurró con aquella voz cálida que la caracterizaba.
[Eso es porque tu no tienes 17 años, ma] Pensó, pero no quería molestarla, al menos no tan temprano. De mala gana se levantó, de mala gana se lavó la cara y de mala gana se vistió. Ya con un café en el cuerpo recién se sintió lista como para enfrentar un nuevo día… más bien, una nueva mañana. – ¿Tengo que ir? ¿No puedo empezar la próxima semana? Es muy perno cambiarse de colegio y entrar a mitad de semana… - Dijo en un intento de convencer a su madre, sin lograrlo.  Ciertamente su forma de saludar al mundo estaba siendo muy distinta de quién sería su compañero. Bueno, cada uno enfrentaba las cosas de manera diferente…
- Ugh, otro día más de vida – Se quejó. Fue por última vez  a su pieza y se despidió de Dio. – No te muevas hasta que vuelva, no te puedo llevar al colegio. No voy a llegar mi primer día con un peluche por ahí – Le dijo mientras lo acomodaba entre los peluches que estaban en su cama. – Listo, adiós má, adiós pá – Gritó mientras salía rápidamente de la casa. Tampoco quería llegar tarde su primer día, eso significaba llamar más la atención... Hey, quizá eso era lo que necesitaba.

Sonrió. Sería un día agotador, pero bueno, había que sobrevivir.
Tomó el bus como había hecho el día que conoció a Vice. Ya se había aprendido el camino, pero no importaba. Esa sería su excusa cuando entrara dos horas tardes a clases.
“Me perdí” Ja.
Se bajó del bus tranquila y recordó que estaba con uniforme. No quería que la dependienta del café la viera así que bordeó el parque que estaba cercano al colegio, en busca de un spot donde nadie la pudiese reconocer. El otro día había dado tremendo show ahí, así que no quería que alguien arruinase sus planes reconociéndola.  Se paró detrás de un árbol y sacó la cajetilla de cigarros que le había robado a los pelmazos noches atrás; sacó un cigarro y se lo fumó con tranquilidad… y luego otro, y otro. Navegó en internet, vio videos, hasta que el frío le dijo que ya era hora de entrar. Sacó un alcohol gel de su mochila, se lavó las manos y se aplicó un poco de perfume para ahogar un poco el olor a cigarro. Se echó un chicle de sandía a la boca y se puso la mochila nuevamente.

Cuando estuvo lista, corrió hacia el colegio. Parte del plan era llegar agitada y así lo hizo. Cuando por fin estuvo con la recepcionista comenzó con el show:

- ¡I’m really sorry! – Dijo con marcado acento británico. – ¡Tomé el bus y me quedé dormida, terminé muy lejos y tuve que tomar un bus de vuelta! –Dijo con la voz entrecortada mientras se afirmaba del mesón e intentaba recuperar el aliento.

- ¡Oh! ¿Pero estás bien? Toma asiento, ¿Cuál es tu nombre? –
- Maisie Addams –
- Señorita Maisie, sus clases ya empezaron. Si quiere llamamos a sus padres para que la vengan a buscar –

- No, no se preocupe, no hay nadie en casa además a esta hora – Mintió.
- Espereme unos minutos –

Y esperó, bastante satisfecha, aunque había algo que no había calculado. Tuvo que enfrentarse con la sorpresa cuando volvió la secretaria…

- Están en clases de deportes, el profesor la viene a buscar –

Ehhhh, ¿deportes? ¿El profesor la venía a buscar? Demonios. Que iba a llegar vestida extraña y además el profesor la iba a escoltar a la sala… genial, donde todos iban a estar libres para verla y preguntarle cosas. Mierda, era una idiota. Asintió con la cabeza mordiéndose la lengua y siguió al profesor sin chistar. Cuando llegó se enfrentó a lo que no quería que pasara: todos en grupos conversando y cuchicheando respecto a la situación. Si no hubiese tenido el chicle en la boca se habría mordido la lengua.

- Señorita, le voy a pedir que bote el chicle, por favor-  

Literalmente tuvo que escupir sus palabras en un basurero. Genial, su "día de suerte". Cuando llegaron el profesor llamó la atención de los alumnos tal película norteamericana:- Chicos, su atención por favor. Les presento a su nueva compañera, su nombre es Maisie y viene de Inglaterra -  

Les dedicó la mejor sonrisa que pudo; hizo lo que pudo estando parada como tarada al lado del profesor En su interior esperaba que la tierra se la tragase o que ese día terminase rápido. - Hola... - Susurró avergonzada por lo idiota que había sido.
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Con una sonrisa ya estaba todo listo para salir, ¿Qué era lo que iban a hacer? ¿Salto de barra? ¿Unas carreras? vaya, ya lo estaba pensando, su mente en el juego, su respiración controlada, ya todo listo. Se levantó para estirarse,  observaba a los lados a sus compañeros, como hablaban entre ellos, de que temas, que era lo que tenía planeado el maestro para ellos. Todas esas cosas que causaban intriga pero a la vez emoción a los alumnos… tal vez a algunos, los demás podrían tener ocio de hacer las actividades, cada quien tenía su manera de reaccionar, ¿Los culpaba? claro que no, era algo sumamente entretenido notar las reacciones de los demás. ¿Acaso no hay algo aburrido para este pequeño hombre? al parecer no, siempre había algo que hacer.

Se sentó de nuevo al ver que ninguno de ellos estaba cerca de acabar, mirando su casillero donde estaba guardada su ropa, la sensación era extraña, todos los días que ha estado de esta manera, solo esperando a que alguien viniera tocarle el hombro. Cerró los ojos por un momento, dejando que su mejilla se posara en su mano, que su codo se apoyara en su rodilla, que descansara un poco antes de salir. Un sentimiento melancólico se desarrollaba en su interior, ¿Acaso era algún recuerdo? no entendía pero era reconfortante, con un simple suspiro abrió sus ojos y se rasco la cabeza.

-Oye, vamos, no es necesario tanta concentración como en los partidos- menciono uno de sus compañeros que estaba al lado, una pequeña sonrisa le regalaba. Habia sido el primero que ayudo cuando entro a la nueva escuela y no sabía qué hacer. Un chico felizmente desorientado, así sería como se describiría, y atesoraba esas primeras palabras como los primeros encuentros, por lo menos su memoria estaba haciendo un gran esfuerzo en dejarlos intactos “Este es mi corazón” fueron las palabras que se pronunciaron en su foro interno, llenaban su mente, tomaban el espacio de esos 17 años de niebla, apenas y unos fragmentos aparecieron pero no eran suficientes, nunca fueron suficientes.

-Está bien- le dijo con una sonrisa, levantándose cuando él lo hizo y caminando a su lado, un chico de su estatura, de cabellos azabaches y unos lentes con el armazón plateado, era quien le ayudaba en sus estudios por las tardes, aunque Vagadus se negaba ahí estaba el otro metiendo sus narices… era agradable tener amigos de confianza. Sus manos metidas en el bolsillo, sujetaba algo que no estaba ahí, era el gusto por tener a una persona como él a su lado, como si estuviera sujetando un lazo…

El profesor antes de que entraran a los casilleros les había dicho que esperaran en el gimnasio y era ahí donde se dirigían sin detener el paso. Como siempre el grupo de compañeros se juntó a él, y de nuevo las pláticas se ramificaron a varios temas, no era sofocante sino bastante amigable, al parecer siempre en todas las escuelas había este tipo de comportamientos. Detrás de ellos estaba les seguían las mujeres, algo en su mente le produjo cierta intriga, desde que había estado en la escuela era extraña las veces que el profesor se vaya de repente, ¿Alguna noticia del director? ¿Tal vez un anuncio? pensaba una y mil cosas que no se dio cuenta de que ya habían llegado y solamente todos estaban esperando.

Sus ojos se desviaron de sus compañeros a la alumna que acompaño al profesor, parpadeando varias veces y ladeando la cabeza, ¿Inglaterra? Era entonces otra transferida “Vaya, tiene cabellos… ¿rosados? y sus ojos son hermosos” estos pensamientos del joven, parecía ser algo extraño pero a la vez llamativo e interesante, y con una gran sonrisa avanzo unos cuantos pasos para acercarse a ella, con una mano extendida… siempre tratando a los demás bien, llamando siempre la atención, ¿Acaso era socialmente aceptable? ¿Ser tan puro? ¿Ser tan amigable?... ¿Ser tan ignorante? Era uno de los misterios que el universo se guardaba con tanta fuerza, parecía ser que el color que atrapó en su primer recuerdo se le habia quedado e influenciado, aquella nieve, cálida por las ondas de calor que transmitía el gran fuego.

-Hola, me llamo Vagadus- le dijo esperando a que pudiera corresponder al saludo, una sonrisa inocente, su mirada puesta en ella, su mano extendida, su aura cálida, no se puede culpar a un corazón inocente –Maisie ¿Verdad? otra transferida entonces, yo soy de Rusia, mucho gusto- Estaba haciendo lo suyo de nuevo, sin importar los comentarios que se originen de esto, así era él y nunca cambiaría. En su mente, como siempre mantenía la idea de poder ser un amigo o por lo menos un conocido, llevarse bien con todos era su misión, ¿Su recompensa? alguien más con quien poder platicar y apoyar.
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El disminuido saludo de la extravagante niña causó una onda de reacciones entre los estudiantes. Mientras los codazos y sonrisas de los hombres no lograban pasar desapercibidos, las niñas cuchicheaban sin ningún escrúpulo acerca de su nueva compañera.  
Los comentarios eran bastante variados, mientras un par de chicos aprovecharon la distracción para escapar del grupo hacia la puerta del gimnasio, corriendo hacia la libertad del campo de pasto, otros calmaban a sus novias con miradas que aseguraban fidelidad infinita. Casi se podían escuchar los celos e inseguridades de las emparejadas y algunas de las solteras frente a la niña nueva.

Por supuesto, la impertinencia y falta de protocolo de Vagadus no sorprendió a nadie excepto al profesor Jones, que parpadeó un par de veces antes de frotarse la cara, reuniendo paciencia para tratar con adolescentes una hora más. Con un suspiro pesado buscó a una alumna con la mirada, sin lograr encontrar a la muchacha que ordenaría el gallinero con facilidad. Su interrupción no logró más que causar varias explosiones de risa y burlas de varios grupos. 
 
A pesar de la interrupción del rubio, la mayoría de los hombres, como es de esperar, peleaban por quien la había visto primero cual grupo de leones. Claramente los dos machotes guapos y musculosos que usaban su chaqueta oficial del equipo de rugby aún con ese calor tenían completo monopolio sobre Maisie. Ambos compartían la corona y la chica nueva era la comida del día; sólo ellos podían probarla primero. Sus enormes sonrisas blancas, conocidas por engañar a casi todo el equipo de hockey, fueron una de las reacciones más peligrosas para la exótica recién llegada.      

Las alumnas continuaron con su cuchicheo ininterrumpido, la mayoría parecía zumbar como abejas alrededor de una sola muchacha. De haber sido una caricatura, hubiera tenido lengua de serpiente y una corona tejida con la adoración de otros. Su cabellera larga y lisa recogida en una pulcra cola, flequillo sobre los ojos celestes, de nariz fina y cuerpo flaco aunque voluptuoso, obviamente era lo que hacía y deshacía reputación en la clase. Todas intentaban llamar su atención, con una broma de mal gusto, un chisme jugoso, quizás una hasta burla de la niña nueva le sacaría una sonrisa a “Bee”.  
Por el otro lado, la cantidad de mujeres que mostraron algún tipo de empatía fueron contadas con los dedos de una mano. No alcanzaron a pasar diez segundos desde que la alumna nueva había sido presentada cuando, del mismo grupo que rodeaba a Vagadus, emergió una muchacha con la misma contextura de Maisie y una sonrisa contagiosa que transmitía un cálido aura de seguridad. Se notaba por su actitud y trato con el resto que era una chica simpática y muy querida en general. Por eso no era ninguna sorpresa que bajo el emblema y motto del colegio que rompían la simetría de la polera al estar sobre el corazón, la palabra PREFECT resaltara con letras amarillas en el uniforme azul. La chica tenía los ojos verde esmeralda y una generosa y rulienta cabellera naranja dominada precariamente con un cintillo y varias pinzas, entre su piel extremadamente blanca y las pecas que decoraban su cara, era el vivo estereotipo escocés.  

“Bienvenida Maisie. Soy Anna.” La chica rompió tanto el silencio como la medialuna que se había formado alrededor del profesor, Vagadus y la nueva. En segundos cada grupo había logrado volver a su propia realidad, casi olvidando la noticia y la interrupción del simpático chico. Mientras se presentaba, le puso una mano en la cabeza a su compañero, desordenando su pelo cariñosamente. “Vags, recuerda lo que hablamos, si sigues interrumpiendo a los profesores te van a mandar a detention junto con una llamada a tu tío.”
 
Viendo que la alumna nueva había sido acogida y sin más preámbulo el profesor Jones comenzó a ladrar órdenes como general de guerra, alejando a la multitud del grupo de bienvenida e interrumpiendo los pensamientos de Anna. “Hay sol afuera, vamos, cuando llegue a la cancha más les vale que estén todos ordenados por casas. A ver si con alguna radiación aprenden a correr sin conversar. Señorita Ba- Bain- Baingry… Bee, si no dejas de mirarte las uñas va a ser bastante difícil correr hasta el pasto.” Vociferó, todavía parado al lado de Maisie, dirigiéndose a la rubia y su séquito de abejitas. Anna se cubrió los oídos como de costumbre apenas el profesor comenzó a gritar, bajando las manos solo cuando ya se había alejado, arreando a los alumnos menos atléticos hacia el campo de pasto que se encontraba detrás del gimnasio.

“Me disculpo por eso, le gusta hacer sufrir a toda la gente que pueda.” Le sonrió por un momento antes de ladear la cabeza, observando a Maisie con el ceño fruncido. Esperó a que sus compañeros terminaran de presentarse antes de interrumpir con una voz suave y alegre. “Maisie ¿No trajiste uniforme de deporte cierto?” Preguntó mientras buscaba un bolso de deportes o algo por el estilo con la mirada.
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Vamos, que tenía que calmarse. No era el fin del mundo, había enfrentado cosas peores, como las puertas del infierno, por ejemplo, pero a pesar de eso siempre le parecía difícil conocer gente nueva. Era bastante irónico, ciertamente. Respiro tranquila y trató de parecer lo más despreocupada que pudo (cosa que habría sido bastante más fácil con el chicle en la boca…) y mientras miraba el lugar, aprovechó de hacer un análisis completo de la situación, dentro de lo que podía ver.

Cuchicheos, por supuesto. Como los odiaba. Hacía que le dieran ganas de pararse en la mitad de la sala, sacar las garras y demostrarles quien mandaba…. Claramente no podía hacer eso. No le quedaba más que aguantar lo más que pudiese con una sonrisa lo suficientemente simpática como para no entrar mal y lo suficientemente segura para que no la tomasen por perna, pero no pudo evitarlo, la sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios cuando vio a un par de chicas haciendo una escena ante lo que probablemente eran sus compañeros de turno. Tuvo que rascarse la nariz con el dorso del dedo para aparentar, puesto automáticamente les dedicó una mirada de entre compasión y coqueteo a los chicos, como diciéndoles “Chicas”. Desvió la vista rápidamente para no hacer más contacto visual con aquellos pobres hombres y para evitar soltar una carcajada. Eran ridículas. Maisie había sido la clase de chica que la llevaba en deportes y que se embarraba jugando a la pelota con los chicos. Jamás había salido con algún compañero ni se había visto envuelta en una situación amorosa complicada que ella supiese… bueno, una sola vez, pero eso no había sido su culpa. Allí estaban los chicos con los que se llevaría bien: el equipo de Rugby… Oh, wait, quizá no. Si había algo que le molestaba en los hombres era esa sonrisa de autosuficiencia; que pensaran que por su pinta tenían a la chica a sus pies.

[ Tsk, tsk cariños, les falta un par de tetas para poder tener a alguien asegurado] Pensó. No es que fuese muy voluptuosa, pero si algo sabía, era que las mujeres eran mejores en conquistar tan solo con el físico. Los hombres tenían que jugársela, o al menos así le parecía a ella. Les dedicó una mirada fría, sin darles importancia. De esa agua no bebería, estaba claro. No era la forma en la que quería marcarse puntos en este lugar. De hecho, había alguien mucho mejor en su mira, si tenía que escoger a alguien del salón, y su apellido empezaba con J.  Ante la chica que parecía ser la reina, sencillamente la ignoró. No iba a intentar conquistarla ni caerle en gracia. Iba a derrocarla, así que ni una mirada se merecía. Sí; parece que esa era la clase de juego que quería jugar este semestre. Al fin y al cabo, era su último año en el colegio. Si, quizá ya era hora de hacer un movimiento.
Para su mala suerte fue interrumpida por lo que parecía ser el “otro” chico nuevo, que estaba acompañado de un muchacho de lentes. [Par de nerds, lo que me faltaba] Se tardó un poco en reaccionar, viendo su mano extendida. Se sentía muy observada, era difícil ignorar la presencia que emanaba la que parecía ser la mandamás del lugar, así como las hormonas de los musculitos se podían oler hasta acá. Probablemente su primera manifestación la marcaría de por vida, tenía que ser inteligente. Recordó la regla número 1 de los adolescentes: Don’t tryhard.
Al escuchar que era nuevo confirmó sus sospechas. No quería terminar en un rincón sentada con el asmático y el asiático del curso… Tenía que hacer algo. - ¡Sup! – Respondió saludando la mano. – Aunque yo no vengo de tan lejos…. Profesor – Intentó arrancar de la interacción lo más rápido que pudo, volteándose a mirar al profesor. Le iba a jalar de la chaqueta, pero fue interrumpida nuevamente. Gruñó internamente.  De sus “vacaciones” había olvidado ya lo que era tratar con gente de su misma edad.

- ¿Si?  Ah, hola, gracias– Se dio la vuelta otra vez. Esperaba que el profesor no se le arrancase. El profesor se puso a gritar y a espantarlos a todos. Dammit. ¿Casas? ¿Qué era esta porquería? ¿Hogwarts?

Iba a ser un semestre muy largo.

Siguió al profesor, sabiendo que todos la miraban. Al menos era clase de deportes. Era la oportunidad perfecta de lucirse. Cuando ya lo estaba alcanzando se rio un poco de su chiste. A los adultos solía gustarles que se rieran de sus chistes malos, o al menos eso había aprendido ella. De todos modos no importaba, cuando la viese correr llamaría su atención. Allí sería su oportunidad de atacar. ¿Para que iba a perder el tiempo en tratar de ganarse a sus compañeros, cuando no había nada que te subiese más el estatus que involucrarte con un profesor? Además, no se le veía nada mal. Sin darse cuenta, había dejado a Anna hablando sola.

- Profesor, siento interrumpirlo, pero aún no me han enviado el horario por lo que no traje ropa de deportes. – Dijo con suavidad, un poco apenada. - ¿Hay algo que se pueda hacer? No quiero perderme su clase – Sonrió. Actuó un poco más tímida de lo normal. Era mejor arrancar de los niños por ahora. - ¿Es usted nuestro profesor guía? - Inquirió. Le importaba dos cojones que hubiese una PREFECT o lo que fuese, de donde venían, las cosas funcionaban diferente. Tenía que ayudar a la pobre niña nueva ¿No? Total, mientras más difícil, más puntos lograría cuando lo consiguiese.
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Y lo único que provoco en esos momentos fue risas de sus compañeros, cosa que no le desagrado demasiado y solo observaba al profesor con una mirada de “ups” mientras sonreía y se rascaba la parte de atrás de la cabeza, encogiéndose ligeramente sus hombros como si lo hubiera hecho sin intención de faltar al respeto, pero aun así tenía una sonrisa en sus labios, tal vez feliz por hacer que sus compañeros estén relajados y así el ambiente para la nueva alumna sea ligero. En su cabeza pasaban varias cosas, de hecho era algo extraño como se podía relajar teniendo la presión de las miradas en su espalda, era como si no estuvieran ahí o como no le importara. ¿Y porque tendría que sentirse presionado? no era como si fueran de malas intenciones o si esperaran algo de él, mirar a alguien no era raro o por lo menos para él.

Por lo menos se veía agradable, con ese saludo tan calmado, no la observaba nerviosa o por lo menos era alguien quien no notaba esas cosas a primera vista. Como sea, parecía que quería esa protección que el profesor siempre otorgaba a los nuevos, y no la juzgaba, todos se habían reunido alrededor como si hombres y mujeres estuvieran viendo una criatura nueva. ¿Por qué actuaban de esa manera? bueno, los hombres cazaban con sus miradas y más los del equipo de Rugby, grandes y fuertes como si fueran unas bestias y… o, miren, Anna por fin salía reluciente como siempre, alguien realmente agradable y una de las primeras personas que Vagadus comenzó a hablar.

-no otra vez- dijo con una sonrisa bromeando, bajando un poco la cabeza y riendo entre dientes cuando le desordeno su cabello –solamente quería ser agradable, es todo- dijo antes de soltar un suspiro y lleva sus manos a la nuca –los protocolos son demasiado estrictos- comentó quejándose un poco, y no había sido la primera vez que interrumpe a un profesor o es impertinente, había veces donde alzaba la voz en el salón cuando alguien estaba molestando a un compañero o se ponía en defensa de una chica quien estaba siendo atacada por “Bee”, algunos dirían que es un estúpido, otros que es alguien con valor, pero la verdad era simplemente que era una persona que ayudaba a todos.

Cerró los ojos cuando el profesor vocifero a la clase, frunciendo el ceño y esperar a que se callara, nunca iba a cambiar, tan estricto como siempre, pero así era el profesor de deportes, ¿Cuántas veces habia escuchado los gritos desde el campo de atletismo? tal vez más de cien veces tan solo en un semestre, o más si es que fallaban en algo. Con un suspiro dejo una pequeña sonrisa en sus labios, tratando de peinarse con su mano derecha pero sin éxito alguno, ahora faltaba que todos se acabaran de presentarse.

Ladeo la cabeza al ver que las palabras de su amiga Anna no llegaban a Maisie, ¿Acaso el profesor grito demasiado fuerte? bueno, quien sabe pero los ojos de Vagadus se desviaron a la escocesa –Creo que le puedo prestar el uniforme de mi hermana, digo, solo es ir a su salón y comentarle el asunto,seguramente ayudaría- propuso como una alternativa puesto a que veía tan emocionada por la clase a la nueva, pero no sabía si su hermana accedería como él lo dijo, tal vez con la promesa de algunas paletas o dulces… o que él limpiara los trastes y su cuarto por una semana, si, tenía la posibilidad de que dijera que sí. Como sea, ¿A cuántos alumnos se podrían ver interesados de esa manera? a muy pocos podría decir, la mayoría hubiera querido en quedarse a un lado sentado mientras ven todo a una distancia donde el Sol no llegara y la brisa del clima fuera extremadamente agradable.

-Oh, tengo que estar con los de mi casa… mmm…- pensó por un momento mientras observaba a Anna, pensando en si se quedaría en asistir al profesor y a la nueva, ¿Qué cosas estaba haciendo? claro que ayudaría, ni siquiera tenía que analizarlo –Profesor, ¿Requiere ayuda? También Anna podía ayudar, así podría enfocarse en dar la clase y nosotros podemos… em… ¿apoyarla a integrarse?- al final dudaba mientras ponía un dedo sobre su barbilla, analizando bien y teniendo en cuenta que cosas podría hacer la chica de cabellos rosados para no perderse la clase. Como sea, no fue hasta que el chico que le ayudaba le palmeo la espalda.

-Hey, me tengo que ir, ya sabes cómo es el profesor con los que no somos tan atletas- dijo antes de soltar una pequeña risa y el rubio asintió con la cabeza, tocándole el hombro y dándole unas cuantas palmadas. Claro, este chico de lentes plateados no era tan bueno como los demás, tenía poca resistencia, era alguien estudioso y todos lo tenían en cuenta pero siempre hay que tener alguna debilidad y por ello el protagonista lo ayudaba, esperaba que el entrenamiento después de clases le resultara finalmente para que el profesor lo dejara de molestar.

-Claro, nos vemos Demian- pronunció su nombre, viéndolo irse junto con los demás. Después solo esperaba alguna respuesta del profesor, y no se iba a alejar hasta que le diera alguna orden, quedándose a un lado de Anna. ¿Por qué tanto esfuerzo? era excitante conocer nueva gente, involucrarse, ayudar. Una de sus manos despeino con gentileza a su compañera de ojos esmeralda para devolverle el gesto mientras le sonreía juguetonamente –entonces… ¿Qué hacemos?- le pregunto tanto al profesor como a la PREFECT y si le obligaba a correr lo haría tan rápido que terminaría las vueltas y regresaría solo para dar su apoyo-
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El fornido profesor suspiró pesadamente sin detenerse a poner atención a cualquiera de los tres alumnos que le seguían casi en fila india. Su metro casi noventa, junto con la mezcla de músculos y la grasa que inunda inevitablemente los cuerpos de deportistas que no se han mantenido formaban una figura intimidante para cualquiera que estirara su cuello para mirarle. Bordeando los cuarenta y habiendo cambiado el ejército por el colegio donde hacía clases, no tenía suficiente tiempo como para seguir con su estricta rutina de comida y ejercicio. Estaba mucho más consciente de la pequeñísima caída de pelo que ya consideraba "entradas" que el resto del mundo, siendo un simple rubio para los otros mortales.

Jones restregó el fruncido ceño con el dedo medio y pulgar, deteniéndose bruscamente y girando en un sólo movimiento. ¿Por esto había dejado el ejército? La generación del futuro, bullshit. No eran más que un piño de hormonas perezosas. Pensar que de este colegio salieron dos primeros ministros y dos oficiales del ejército… Que decepción. Había querido devolver la mano al colegio que lo había formado, pero los tiempos habían cambiado desde que él había sido alumno.

Kids, kids, I have a class to teach. Señorita Williams, acompañe a Anna a los camarines, ahí hay bastante ropa perdida que puedes usar por hoy. Si no quiere perderse mi clase, le aconsejo se apure en elegir algo y volver; no quiero verla aquí en media hora con un uniforme modificado a su figura.” Ladró amargamente, dirigiéndose a la señorita Addams mientras giraba la cabeza para asegurarse de que todos habían evacuado el gimnasio. Ahí iba Bee, prácticamente arrastrándose detrás del resto y acompañada por sus obreras. Detrás corría Demian, el cerebrito que luchaba por mantenerse a flote durante su clase. La verdad, le daba un poco de pena lo mucho que le costaba mantener su buen promedio de notas con lo que sacaba en su clase.

“No Evans, no tengo tiempo para esas tareas, tengo un departamento entero que administrar.” Enunció otra vez, dirigiéndose a Maisie. Para quien no estuviera acostumbrado a su tono constantemente agresivo y amenazador, sonaría como un ataque directo. La verdad era simplemente que era su manera de hablar; hecho que habían descubierto exclusivamente los que habían escuchado de primera mano al profesor realmente enojado. Anna era una de ellos, por lo que no intercedió en la conversación hasta que el profesor Jones le había proporcionado la mirada de por favor hazte cargo que tantas veces recibía por ser diligente y una líder natural.

“Vags, no puedes interrumpir una clase, menos por algo como esto.” Le frunció el ceño a su compañero, siempre tan ansioso por ayudar que a veces olvidaba las cosas más obvias. La colorina se llevó un dedo a la mandíbula mientras pensaba cómo hacer para que Vags pudiera ayudar. Sabía que de otra manera no desistiría y eventualmente terminaría por romper alguna de las reglas que tan poco peso tenían en su cabeza. “Ambos estamos en Clyde, podemos poner a Maisie ahí, así no queda sola en otra casa. ¿Le parece profesor?” Lo miró con su icónica sonrisa, esperando respetuosamente la aprobación antes de proceder. Sabía que era una buena idea, de esa manera Maisie podía pasar de Bee y el séquito que tenía en Moore mientras que ella y Vags podían ayudarle a integrarse, ya que veía la inseguridad y necesidad de refugiarse en el adulto a cargo de la clase. Todos contentos.

“Eso, eso, todos en Clyde, perfecto. Vares, a formarte con el resto de tu casa e incluye a las dos chicas en la estrategia para las quemadas.” Jones ya se había dado la vuelta e iba derecho hacia el campo de pasto donde los alumnos claramente no estaban formados por casa. Se podían notar dos Prefects intentando establecer el orden antes de que llegara el profesor; la pérdida de puntos nunca era algo deseable, menos el griterío del profesor a cargo por fallar en su misión de ser el ejemplo, lo mejor de lo mejor del colegio.

“Vamos, de seguro hay algo que te quede bien en el baúl. Podemos estar de vuelta en menos de diez minutos. Te puedo explicar lo que vamos a jugar ya que te gusta el deporte, así no te pierdes nada. ¿Te parece?” Le dedicó una cálida y blanca sonrisa a la chica mientras se giraba hacia los camarines y hacía ademán de que la siguiera con la cabeza.
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Vaya si no era bruto. Con esa actitud lo único que conseguiría era que lo molestaran más, o al menos eso pensaba Maisie de Vagadus. Que con esa actitud de bobo no creía que llegase muy lejos. Probablemente detrás de esa sonrisa boba no lo estaba pasando tan bien… o peor, la sonrisa boba era real y no tenía idea de que estaba destruyendo su imagen. Ni modo, no era de su incumbencia ni tampoco era que le importara... Eso discutía en su cabeza. Quizá las ofensas eran causadas por la mera envidia de que Vagadus parecía demostrar que le importaba un carajo que se rieran en su cara, ya fuera por estupidez o valentía. Era una característica que le hubiese gustado poseer, pero que como lamentablemente no tenía, debía valerse de otros medios para sobrevivir la escuela.

Aguantó esperando la respuesta del profesor, repitiéndose a sí misma que solo le quedaba aguantar un semestre y nada más, pero se veía que iba a ser muy difícil. ¿Cómo iba a desahogarse ahora que ya no tenía a su grupo de amigos? ¿Qué haría sin actividades macabras para saciar su sed de libertad? Anotarse a las actividades extracurriculares estaba completamente fuera de la lista. El profesor era su única esperanza de transformar aquel semestre escolar en algo que valiera la pena sobrevivir. Se veía bastante estricto, lo cual la hizo sentirse orgullosa de su decisión. Un desafío; hace tiempo que no tenía uno. Una segunda mirada al profesor le hizo retorcerse un poco por dentro, o que sí, le faltaban modales. A que era un cabeza de agua cualquiera. Quiso suspirar, pero se quedó con las ganas. Había que trabajar con lo que se tenía.

No se dio por aludida ante el gesto. Practicamente levantarse el dedo era el saludo de los círculos donde se movía, así que esperó, con las manos tras la espalda. Un poco aburrida de toda la parafernalia. Correr un rato no le haría mal, siempre la ayudaba a despejar sus ideas, así que ansiaba ya salir a la cancha. Giró un poco el cuerpo para dirigirle la palabra al rubio: - Eres demasiado amable. ¿Te lo han dicho? – Le preguntó con una sonrisa forzada en el rostro y remarcando la palabra “demasiado” para dejar claro el mensaje: “Estás estorbando”. No tenía ni el más mínimo interés de hacerse de amigos en el estúpido colegio, y el ruso no era excepción. Alcanzó a captar parte de la conversación con su amigo y pensó que quizá ambos deberían ir a esconderse del profesor. La clase de deporte no era espacio para nerds. ¿Demian, uh?, era un bonito nombre. Mucho más lindo que Vagadus ciertamente.

- Pfft – Maisie no pudo evitar sofocar una risa en su mano. - Profesor, si su intención era insultarme lo ha hecho bastante mal, pero gracias por decirme que tengo figura – Sentenció y se dio la vuelta, ondeando su largo cabello rosado antes de darle tiempo de reprenderla. Que le quitase todos los puntos a su casa o como fuere, le valía verga. Lo que realmente necesitaba ahora en ese preciso momento (diría mañana, pero había entrado bastante tarde a clases) era correr y olvidarse del mundo. Era gracioso como todos pensaban que la tenían “figured out”. No podían estar más equivocados.
Esperó pacientemente a que la guiaran, asintió con la cabeza a modo de respuesta y siguió a Anna a los camerines.

Apenas encontró el baúl sacó las dos primeras prendas que tuvo a la mano. Una sudadera y un short un poco más grande de lo que debería ser. Eso debería bastar. Inmediatamente y sin reparar en sí alguien la estaba mirando o si Anna seguía ahí se desvistió y se puso la ropa de deporte sin chistar. Ajustó un poco el pantalón tirando de los cordones que hacían de cinturón (aparentemente era un pantalón de hombre, pero prefería eso a llevar unas ajustadas calzas) y se amarró el cabello en una coleta.

- ¿Quemada, no? Imagino que jugaremos dodge ball. ¿No estamos un poco grandes para jugar eso? Que más da  - Dijo más para sí misma que para Anna mientras se aseguraba que la coleta estuviese bien amarrada. No quería que ningún mechón de cabello le estorbase. - Bien, volvamos. 10 minutos es demasiado tiempo - Declaró y lanzó sus ropas restantes en el primer casillero que encontró abierto, cerrando la puerta de un portazo. Tenía mucha energía que gastar hoy.

Esperaba llegar a tiempo para no quedar en un equipo con incompetentes... o peor, nerds.
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En cierta manera admiraba al profesor Jones como también se preocupaba, ¿Qué tantas cosas habia pasado en el ejército? pensaba y pensaba una y otra vez; sin embargo, sin importar que tanto parecía analizar las cosas, imaginando que clase de situaciones ha tenido que pasar al final se quedaba en un callejón sin salida. Era un hombre mayor, estricto, y no tenía mucha comunicación con él, era difícil. En el tiempo de clases estaba siempre ocupado con los ejercicios que les ponían, era algo bastante precipitado decir que su casa era la mejor, pero por lo menos se esforzaba para que siempre quedaran en primer lugar. Su sentido competitivo estaba a la par de su amabilidad. Algo que no se veía todos los días pero parecía ser que su grupo lo conocía bien.

-Sí, me lo han dicho- le dijo mostrando una pequeña sonrisa ladina y rascándose la cabeza, no era la primera vez que le decían eso como tampoco era la primera vez que parecía que lo alejaran como en este momento. Sus ojos notaron aquella forzada sonrisa, no le gustaba y habia visto tantas que sabía diferenciar, ¿Qué iba a hacer ante eso? nada más y nada menos que… nada. Tan solo una sonrisa amable, agradable, cálida que desprendía una extraña aura. No era malo dedicar sonrisas, ¿verdad? Aunque claro, siempre le dedican extrañas miradas, insultos o indirectas, tanto que soportar en sus hombros, pero no respondía, no le gustaba causar algún conflicto más allá que ello.

Una cálida bienvenida a su nueva escuela, aquel día fue no fue muy agradable, pero no se le podía olvidar “Siempre atesorar los recuerdos” sin importar que tantos rumores, insultos, abusos físicos haya recibido a lo largo del tiempo todos se habían acostumbrado, era un raro de la clase, una especie en peligro de extinción… alguien quien ayudaba a todos pero a la vez era como una estrella en los deportes, ¿Quién entendía? un corazón tan amable, noble y con el tiempo armó una reputación y respeto. Y no solamente ayudaba a los recién llegados o a los de su grupo, se habia dado a conocer por ser tan caballeroso y estúpido. Con el tiempo habia creado unos cuantos amigos que le ayudaban a no meterse en problemas, por lo menos en no muchos y que no fueran graves.

-Claro profesor, con mucho gusto- le dijo tan obediente como la mayoría de las veces, con una pequeña sonrisa, típica en la cual siempre estaba la sinceridad y todos lo sabían. Se dio la media vuelta y corrió antes de que el profesor llegara con las casas. Aplaudía con lentitud, un ritmo se creó en cuestión de segundos y cuando llego a su casa Demian lo siguió, no era el líder ni tampoco un Prefect, pero sabía lo que se debía hacer y esperaba a que los demás siguieran el sonido. El ánimo era importante en un juego y Vagadus se movía completamente motivado, daba pequeños saltos y aplaudió con más fuerza y rapidez hasta que se detuvo.

-¡Vamos casa, a formarse!- grito con fuerza y alegría, de nuevo aquella aura tan extraña que tenía y que podía influir en algunos tales como su amigo Demian, y si no fuera así por lo menos su reputación y fama que tiene en los deportes podría imponer por lo menos algo de respeto y liderazgo, aunque… en esto último no era muy bueno que digamos, y este era uno de los factores que influían en su decisión de no ser capitán de atletismo. En su mente estaba planeando las formaciones para integrar a las dos chicas, no conocía las habilidades de Maisie, pero por lo menos con Anna no habia mucho problema, no cambiaba mucho de posición. Vares tenía su propia posición en el centro y enfrente, un lugar vulnerable objetivo de todos, pero ¿Qué mejor manera de ayudar a su equipo que al frente? como los grandes generales en la Edad Media, tal y como Ricardo Corazón de León o el Rey Arturo con su espada Excalibur… solamente que él no tenía una espada, sino que estaba armado con una pelota.

Con un suspiro tuvo que relajarse, ¿Acaso tenia nervios? un poco, pero solamente era un juego de deportes, nada especial, pero no explicaba porque se estaba poniendo de esa manera. Abrió y cerró sus manos una y otra vez. Los puntos eran buenos, no recordaba bien para que servían pero siempre le gustaba que su casa este en la delantera, ¿Cuánto iba influir la nueva? no lo sabía pero estaba interesado en lo que podía hacer.

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