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A whimper inside a strange and desolated buliding... I think... [priv. Rella]
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A whimper inside a strange and desolated buliding... I think... [priv. Rella]

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¿Cuántas veces lo ha hecho ya en la semana?

¿Cuántas personas habia ayudado? ¿Cuántos animales ha rescatado? ¿O cuánto dinero ha donado? ser alguien con corazón noble es una tarea difícil y pesada. Con solo ver a alguien preocupado, solo o esforzándose ahí esta él, extendiéndole la mano con una sonrisa, esos ojos azules llenos de preocupación y a la vez con bondad, ese era él, un chico que se conocía por ser alguien bueno, blanco, puro de corazón. Sin importar la tarea, la petición o cualquier otra cosa ahí estaba, dispuesto a derramar su sudor por ellos aunque al principio sean desconocidos, era extraño que alguien sea así en una sociedad como esta.

Perdiendo su mirada en la ventana, de nuevo parecía estar pensando en algo, como si su alma se separara de su cuerpo y comenzara a surcar el cielo azul con grandes esperanzas, sonriente, vigilante. Al fin y al cabo era alguien quien apreciaba todos sus recuerdos sin importar que tan malos, horribles o extraños hayan sido, desde la primera vez que atestiguo las grandes flamas expandirse por aquel edificio desconocido… como extrañaba los días fríos, la nieve, todo aquello que parecía tener un aura navideña pero la verdad no era así, ¿Era enero aquel mes? ¿Febrero? no recordaba, después le preguntaría a su hermana.

Eran ya las últimas clases, con un suspiro regresaba a la realidad y poner atención a los profesores, tenía que subir su promedio como siempre. Aunque siempre podía pedir ayuda a sus compañeros o profesores no le gustaba molestar a los demás, se iba a la biblioteca a sacar libros, estudiaba solo sin importar que le llevara horas y horas que consumían la noche y la madrugada. Ojeras tenía a veces, su caminar era lento y pesado pero trataba de mantenerse energético y sostener su sonrisa para demostrar que no habia nada malo “Preocupar a los demás solo causa más problemas” eso era lo que pensaba.

Este claramente no era uno de esos días, no estaba cerca el periodo de exámenes por lo que podía ponerse a hacer otras cosas además de eso, como estar en las actividades extracurriculares que existían, estaba en el de atletismo y béisbol, dando todo de sí en esas dos áreas y, aunque era agotador lo soportaba, tendría que hacerlo, por lo menos para balancear su situación académica.

-Buen trabajo a todos- les decía a los demás al final de la práctica, destacaba demasiado y solo no quería ser capitán del equipo porque no quería causarle problemas al actual, además era un poco tímido en esos casos, si él lo pedía personalmente reconsideraría la propuesta. Siempre se quedaba para recoger la utilería y acomodarla. Todo un buen corazón que muchos aprovechaban y a veces abusaban, ¿Le importaba? en absoluto, ni siquiera se molestaba o se quejaba, con una sonrisa lo hacía.

Al final de todo esto se tuvo que bañar en las regaderas de la escuela y arreglarse, ¿No era un poco tarde? el sol ya se estaba poniendo… como la mayoría de los días cuando salía de la escuela. Se rasco la parte de atrás de la cabeza mientras observaba desde la entrada el camino que debía de seguir, iba a ser largo. Con su mochila con ropas deportivas colgando de su hombro y la otra con materiales escolares del otro se dispuso a caminar, en su casa lo esperaban con la cena lista y no paso mucho tiempo en que se imaginara la comida servida en la mesa o por lo menos que este caliente en la estufa. No había mucha actividad en las calles, al parecer era una hora bastante tranquila y a la vez solitaria. Respiro profundamente, el aire exterior tenía un efecto extraño y agradable en él.

En el camino se compró un helado de vainilla y conforme caminaba lo andaba degustando comenzó a desviarse del camino que siempre tomaba, ¿Por qué? siempre hay tiempo para explorar la ciudad, había algo nuevo cada vez que lo hacía, como si el destino lo quisiera mantener ocupado y entretenido, pero parecía ser que el destino le tenía preparado algo más extraño y emocionante.

Estando entretenido en su helado no se dio cuenta que estaba en las afueras de la ciudad, por lo que primeramente ladeo la cabeza al ver las pocas cosas que estaban en su campo de visión hasta que lenta pero progresivamente sus ojos se abrían y sus hombros se encogían –Oh demonios- dijo antes de dar media vuelta y comenzar a correr, se alejó bastante del sendero, eso le pasaba por ser distraído. Mientras corría sostenía el cono del helado con su boca, por lo menos recordaba un poco las direcciones, con un poco de suerte alcanzaría la cena caliente, pero como siempre sus pasos se detuvieron en seco. ¿Ahora qué pasaba? escuchaba unos maullidos adentro de lo que parecía ser una mansión, sus ojos recorrían el lugar, curiosos, los orbes que ocultaban todo un océano pasaban de ventana en ventana, de tabla a tabla, pensando en que debería de ver lo que estaba ocurriendo.

Sus pasos avanzaban en el crecido y descuidado césped en donde se escuchaban algunos insectos moverse, entre ellos catarinas que volaban de un lado a otro. Sin pensarle mucho extendió su mano para que una de ellas se posara en él, y tan solo transcurrieron unos segundos hasta que una pescó la trampa “Que tierno” dijo en su cabeza, acariciando con suavidad aquella pequeña criatura, pero de nuevo ese maullido, más fuerte, no era algo normal. Dejo la catarina en paz y busco una entrada, grandes eran las puertas, de madera desgastada por el mismo tiempo, tragando un poco de saliva se acabó el cono junto al poco helado que estaba enterrado en este y abrió los portones con sus brazos, eran un poco pesados y hacían un gran estruendo, rechinaban con rudeza que hasta Vagadus apretó los dientes por ello. Cuando por fin creo una apertura donde pudiera pasar dejo sus mochilas en la entrada y comenzó a explorar.

-Ahora… ¿dónde estará?- se preguntó mientras revisaba con la vista todos los lugares, ciertamente parecía desolado, y el aura que se extendía era extraño, le daba escalofríos pero su corazón le dictaba que tenía que buscar ese pobre gato pase lo que pase. Dejo salir un suspiro y revisó primero los cuartos cercanos, mirando y entrando, sin tocar nada porque parecían ya viejas las cosas, esperando que de nuevo maullara aquel gato para que tan siquiera supiera donde buscar realmente. En su mente se preocupaba un poco de lo que le diría a su tío, una mentira podría arreglarlo y así él no se preocupara, por otra parte su hermana… bueno, tal vez no le interese demasiado.
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Aquel día le había costado un poco levantarse, aunque normalmente no tenía problemas con ello todo se veía demasiado aburrido y luminoso, extrañamente había sol aquel día, aunque era bastante tenue, era suficiente para molestar a Rella, los días soleados definitivamente no eran lo suyo, sin embargo, aún tenía lo posibilidad de que el clima cambiara y terminara lloviendo. Logró salir de la cama, vestirse y partir al trabajo, Dialo no había dicho ninguna palabra desde que lo despertó y estuvo así unas buenas horas, pero más tardé recuperó su actitud normal.

Casi todos notaron que no estaba muy bien, y las preguntas como "Anastassia, ¿te encuentras bien?" o "Si quieres podríamos pedirle al jefe que te den libre el día, apuesto a que te quedaste trabajando hasta tarde..." eran las más comunes, aunque quizás si la real Anastassia hubiese dedicado tiempo de su vida a trabajar de más, Rella no tenía ninguna gana de hacerlo, al fin y al cabo se dedicaba a ello en el trabajo y hasta ahora no le había ido mal con eso, y mientras no tuviese problemas, no pensaba hacer cosas extras. "No, no tengo ganas de estar aquí, no hoy, lo que quiero es esconderme del desgraciado sol" pensaba cuando los demás le hablaban, y para su mala suerte, las nubes comenzaban a irse y el sol era más brillante. No hacía falta decir que la relación con sus compañeros de trabajo no era muy cercana, no conocía a demasiados por una parte y esas relaciones habían disminuido cuando ella había tomado el cuerpo de la chica, obviamente teniendo un cambio de personalidad, aunque la había estudiado completamente, no le era fácil fingir ser amable, y la mayoría pensó que tendría que ver con su familia y no sé quisieron meter más con ella. Rella no sabía nada de esa familia, pero no parecía ser algo bueno.

Después del trato básico con sus compañeros a la salida del trabajo, tomó a Dialo y suspiró, agotada. El día resultó ser pesado y tuvo que salir un par de veces a investigar unas cosas y hablar con unas personas sobre algunos casos, además de terminar todo lo que tenía por hacer en la oficina, tuvo una discusión con el jefe por su actitud, aunque no tenía nada de especial, él parecía estar de malhumor y terminó topándose con ella. Mala suerte.

Le faltaba un montón para llegar a su casa, pero Dialo se sobresaltó y gritó al ver una figura azula por el reflejo de la luz.

-¡Un gato! -gritó la criatura y las pocas personas que habían alrededor se estremecieron. Nadie aparte de Rella podía entender a Dialo, y en cambio escuchaban gritos agonizantes, llantos y voces guturales. Era infernal.

-¡Vamos!

Inmediatamente Rella comenzó a perseguir a la criatura, alejándose de su destino mientras el animal se alejaba de ella y sin percatarse de que estaba yendo demasiado lejos de casa. La molestia del sol se le había olvidado, ya que este había comenzado a bajar y ni siquiera pareció notarlo. Estaba ensimismada en su persecución y le parecía llamativo que el pelaje del gato negro tomase tonos azules con el sol. Sus ojos eran bicolores, uno azul y el otro de un amarillo anaranjado, cosa que le gustó más.

Y ahí estaba, frente a una mansión bastante maltrecha a su parecer, algunas ventanas estaban rotas y la puerta principal no parecía estar cerrada, al menos desde lejos. El portón tampoco tenía ninguna clase de candado, y la criatura se había escabullido entre los espacios de la reja y entrado a la mansión, demostrando que la puerta no estaba cerrada.

Se acercó y empujó sólo una de las puertas, que sonó de manera estruendosa, y luego de entrar la volvió a juntar con la otra. Al rato, escuchó fuertes maullidos venir desde dentro de la mansión y corrió hacía allá. Estaba oscuro, lo que le agradó, pero estaba sola y a pesar de que el lugar fuese grande, le molestaba, se sentía intimidada. "La única forma de detener a un demonio, es sellándolo", pensó y caminó más adentro "Pero mientras siga siendo humana... nadie pensará en detenerme, pero tampoco podré defenderme".

-Dialo -murmuró, aunque no tenía demasiadas ganas de quedarse sola. Normalmente en esa clase de lugares se quedaban indigentes, y era una zona que los policías no habían logrado librar de los contrabandos e indigentes -. Revisa donde podría estar y busca la ruta más rápida para mi. Apresúrate.

La criatura se hizo visible y comenzó fue directo hacia la pared, atravesándola. Ella caminó recto y se topó con unas escaleras, volvió a escuchar el estruendoso maullido.

-¿Azu...? -de momento, decidió llamarle así -. ¡Azu!



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-Gatito… gatito…- susurraba mientras caminaba, mostrándose en sus ojos las partículas de polvo que se mostraban por culpa de los haces de luz que se filtraba entre las cortinas viejas y corroídas, ¿Cuánto tiempo estaba este edificio abandonado? mucho, mucho tiempo al parecer. Sus manos suavemente pasaban por los muebles, arrastrando la suciedad que tenían, deseaba haber vivido en este lugar cuando estaba en sus mejores tiempos, ¿Cómo había sido la iluminación? las personas que habitaban en este lugar, que día se organizaban eventos… todos esos pequeños detalles que hacían este lugar vivo y cálido.

Ahora solamente quedaban vestigios de lo que parecía ser un agradable pasado.

“¿Dónde estará?” preguntó en su cabeza, no lo había escuchado maullar desde hace unos minutos, cada segundo que pasaba se preocupaba aún más. Lento era su andar, estaba siendo precavido, no quería que le cacharan pasando propiedad que ni siquiera sabía si era privada o ya estaba abierta al público. Con una sonrisa ladina camino hasta lo que parecía la entrada a la otra habitación, empujando una puerta de madera de nuevo un gran rechinido se hizo presente, era un sonido que provocaba que rechinara sus dientes, los apretara con fuerza, algo que provocaba un escalofrío.

Cuando dejo la puerta en paz, noto que era la cocina, o por lo menos eso parecía ser. La gran mesa de madera lleno de polvo y unos cuantos insectos, entre ellos unas moscas que estaban devorando un pedazo de pan que ya tenía hongos y cucarachas que solamente se mantenían activas pasando por las paredes. A los lados parecía ser un tipo de estufa el cual atrajo la atención del rubio. Tomo aire hasta que ya no pudo más y soplo como el gran lobo feroz, levantando toda una nube de polvo; rápidamente retrocedió para no ensuciarse, pero eso no pudo evitar toser unas cuantas veces. Su mano comenzó a moverse enfrente de él para poder disipar la nube, y se acercó al mueble solo para notar unas colillas de cigarros, y al parecer habían sido recientes, ¿Acaso había alguien en este lugar? Esperaba que no… pero al final eso no iba a suceder.

-¿eh?- dijo, más como si fuera una reacción a la voz ajena, se estaba poniendo nervioso, eso no lo negaba, no obstante necesitaba encontrar a ese gato a toda costa, se habia silenciado y eso no le gustaba. Aunque era un poco propenso a perder la atención a las cosas que le interesaban, sabía bien lo que tenía que hacer y a veces molestaba la conciencia como si fuera una gran mosca que no paraba de zumbar cerca de su oreja. “¿Azu? ¿Acaso…?” si ese era su nombre entonces la dueña de aquella criatura estaba aquí, y no pudo nada más que sonreír por ello.

De nuevo, el pasillo de la entrada, una gran sala, de un lado la gran puerta, del otro lado las escaleras, pero entre todo esto noto a la otra persona quien saludo con la mano mientras marcaba en sus labios una cálida sonrisa. La observaba, sin saber bien de qué color tenían sus cabellos, pero lo que si sabía es que eran extrañamente atrayentes, como si fuera un imán para las miradas curiosas como la suya. Decidió no acercarse demasiado puesto a que para los ojos ajenos él era alguien totalmente desconocido, además de que habia aprendido lo que se llama “espacio personal” a causa de su tío y de su hermana… más por los regaños de su hermana.

-Hola- dijo, siendo estas sus primeras palabras para llamar la atención de la mujer, su pose estaba sumamente relajada, sus brazos estaban a los lados y sus ojos en ella, con su típica sonrisa amigable que siempre porta. Ya no estaba nervioso, tal vez al tener a alguien por estos lares le ayudaba a relajarse –Disculpa por aparecer de repente, estaba buscando un gato cuando escuche tu voz… y bueno, creo que Azu es un lindo nombre para un gato- le comentó, su lengua no se iba a detener de ahora en adelante, entablando conversación se vuelve una maquina imparable de disparar palabras.

-Es tu gato… ¿verdad? ¿Cómo es? ¿De qué color es su pelaje? ¿Es pequeño o grande? ¿Desde hace cuánto tiempo se te perdió?- pregunta tras pregunta parecía no tener fin en este ciclo, pero poco le importaba, lo que le daba curiosidad investigaba hasta estar satisfecho… este era el único fallo que tenía su actitud por así decirlo, demasiado entrometido -¿Qué tal si lo buscamos juntos? Digo, es mejor dos personas, así cubrimos más terreno- esta última se lo dijo dando dos pasos hacia ella mientras se daba un pequeño golpe en la nariz con el pulgar, totalmente confiado en su amabilidad, como si nada fuera a pasar. “Ayudar sin recibir nada a cambio” ese era su lema al parecer, tan entrometido era que no pensaba mucho en las opiniones de los demás o que piensan.

Camino hacia un lado, desviando la mirada a las grandes escaleras, aun conservaban su espléndido color aunque claro está el tiempo no ha sido cariñoso con estas pero tampoco había sido tan rudo. Una capa de polvo fina las cubría, los barandales estaban oxidados, aquel color viejo, antiguo, esperando a que alguien algún día lo limpie para mostrar su verdadera hermosura. Y de nuevo, como si fuera una señal del cielo, un maullido igual de fuerte que los anteriores retumbo por los grandes espacios de la mansión. Sus pasos lentamente comenzaron a andar, esperando a alguna respuesta de la chica, no estaba seguro por cuanto tiempo podría pasar hasta que se escuchara un sonido igual, o si por lo menos fuera igual de fuerte.
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Comenzó a recorrer el lugar con la mirada, esta vez prestando más atención a lugar y viendo cuales eran los mejores lugares para moverse, los objetos que habían alrededor, sobretodo lo que tenía cerca, hacia donde podía ir, y como siempre, empezó a preguntarse por qué Dialo tardaba tanto. Hace poco había pensado que se quedaba mirando alunas cosas o que se distraía fácilmente, pero no estaba tan segura de que así fuese, pero al final, siempre tardaba. Peor también existía aquella posibilidad de que el gato se hubiese asustado o siguiese arrancando, al fin y al cabo, dicen que los gatos ven cosas como los fantasmas, ¿no? Pero si lo pensaba bien, Dialo estaba visible... Soltó un gruñido al recordar aquello, ella misma sabía que estos lugares nunca estaban vacíos, fuese lo que fuese y había corrido un gran riesgo al dejarlo así.

—Ugh, no pasa nada, Dialo tiene más cerebro que yo en estos casos... —murmuró mientras miraba una estantería con decoraciones viejas que había allí.

En la parte más alta estaba llena de cosas de cerámica, cada una de ellas cubiertas de polvo, por lo que no se notaba si tenían algún diseño y casi nada de los colores, aunque de lo que se podía ver todo era blanco. "Demasiado sucio" pensó Rella, asqueada "Acepto el desorden, pero lo sucio no". Un poco más abajo, habían tazas, estás ya más limpias, casi como si hubiesen sido usadas hace un tiempo, aún así, nada como para espantarse aún. Luego seguían dos repisas que no reparó en mirar y abajo encontró una llave, brillante y dorada.

Sin dudarlo, la tomó y la metió en su bolsillo, y luego escuchó como una puerta sonaba. Se acercó más a las escaleras y vio una puerta a mano izquierda, pero se quedó bloqueada cuando escuchó una voz y volteó repentinamente, intentando mantener una mirada seria, y de alguna manera amenazante, pensó en tener a mano su identificación que se demostraba que pertenecía a Scotland Yard, pero eso también podía meterla en más problemas dado que estaba sola y fuera de su horario de trabajo, incluso.


—¿Qué hace un niño aquí...? —Fue lo primero que salió de su boca, cuando pretendía ser un pensamiento—. Ah... Estoy buscando a ese gato... creo que... Oh, mierda, lo perseguí desde el trabajo.

Recién en ese momento cayó en la cuenta de que había corrido desde su trabajo en Central Glasgow hasta las afueras de la ciudad, y se quedó un momento en silencio, sin preocuparse del chico. Si bien, no era estúpida, si era despistada y se había mandado una buena entonces, pero no estaba muy segura de que se estaba preocupando realmente si no tenía nada que hacer. Aparte de alimentar a otros dos gatos más pequeños que aquel. Y las preguntas seguidas del chico sacudieron su cabeza de golpe, devolviéndola a la realidad.

— ¡No! Te equivocas, no es mio, quisiera, pero no puedo tenerlo... No sé como se llama, sólo le dije Azu por el momento. Era pequeño, negro y con la luz se veía azulado, te dije que lo vengo persiguiendo desde el centro de la ciudad... No sé que hacer. No me lo puedo quedar porque los que tengo podrían molestarse... —miró al chico unos momentos, rubio, ojos claros.. básicamente brillaba, en cambio, los colores de ella era apagados, ya fuese en aquel cuerpo, o en el real, claro u oscuro, pero apagados —. Me vale, pero tendrás que ayudarme respecto a él después, y no pienso regalarlo en la calle.

Escuchó como el gato gritaba -a su parecer- y se sobresaltó ligeramente, entonces el chico caminó hacia la escaleras sin dudarlo. Hizo que notara la diferencia entre sentirse incómoda en estar en un lugar cerrado y oscuro como aquel y tener aquella seguridad, e inmediatamente se sintió ofendida. Cruzó los brazos y soltó otro gruñido mientras caminó hasta llegar a su lado. Su mirada era demasiado amable para ella, se sintió irritada, "Buscaré un lugar para personas como tú en el infierno".




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